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En un pequeño aeropuerto, en el vestíbulo vacío, una pareja abrazándose. Miradas cómplices. Salen lagrimas.
Control policial. Ella se quita las botas, él la observa desde el mostrador de la entrada. Medias sonrisas acompañadas de ojos tristes. Cuesta despedirse. Es duro saber que habrá que esperar casi dos meses para el próximo abrazo, el próximo beso.
¿Qué puerta de embarque es para Stansted? ¿La uno o la dos? No creo que tenga pérdida. Pregunto y contesto con los dedos: la dos.
La miro irse a lo lejos por la zona de pasajeros. Se va a alejando poco a poco. Apuro el contacto visual con el reflejo del un escaparate del duty-free hasta que desaparece.
Silencio, mucho silencio. Hoy la lluvia nos ha dado un respiro y el sol de la mañana pega fuerte. Hace daño a los ojos. Reviso el coche de alquiler y retiro el ticket del parking. Se que ella está al otro lado del edificio, pero no podemos apurar sus últimos minutos en la isla abrazándonos, los aeropuertos son injustos.
En el coche voy lento. No quiero devolverlo, es como dar por finalizadas estas vacaciones, como dejar que se vaya. Lagrimas y tristeza, la soledad aparece de nuevo con más fuerza. Miro al asiento del copiloto, repaso el coche como quien repasa la casa tras una fiesta y decido ir al primer sitio al que la lleve.
Necesito despejarme, pasear, repasar los días pasados. Es una sensación rara, pongo la radio y suena la canción de la serie que hemos estado viendo en el ordenador, curioso. Justo acaba cuando aparco.
Por el mar viene lluvia, el cielo está muy gris, aunque a mi espalda haya rayos de sol. Al salir del coche hace algo de viento y al poco de ponerme a pasear se pone a llover intensamente con mucho viento. El tiempo en Irlanda es así, ¿no? Hoy no es mi día.
Decido volver a mi casa, enfrentarme a la realidad. Devuelvo el coche a la empresa, camino quince minutos pensativo, subo las escaleras de la entrada y llego a la puerta. Suspiro. Todo lugar por el que paso ha quedado impregnado por la fragancia de su recuerdo. Diez días han bastado para dejar su marca.
Abro la puerta de mi habitación, está vacía. No hay un vaso de agua, ni pañuelos, ni cosméticos. No está ella sonriéndome. En el baño el cristal sigue empañado de la ducha de la mañana. Sólo me quedan dos almohadas nuevas, dos orquillas, un trozo de pastel y su olor en su lado de la cama que se irá esta tarde cuando limpie las sábanas. Se ha ido hace dos horas y ya la echo de menos.
Han sido unos días muy especiales, bonitos. Eskerrik asko laztana. Te veré pronto.



oso maite zaitut laztana, oso!
Si, yo sentí lo mismo. Sensaciones raras, existen dos realidades, pasa el tiempo despacio.
hola no se quien eres y no me queda claro tu nombre tal vez te paresca raro recibir un mensaje de alguien que ni conoces pero por casualidad encontre tu web y dejame decirte que tus escritos y reflexiones tienen un estilo muy particular que es raro encontrar siento hay algo de magia en ti para escribir bueno eso es todo ke tengas un buen dia atte: faby